jueves, 20 de febrero de 2014

EL DINERO NO LO ES TODO, PERO ¿QUIÉN QUIERE DINERO?, por JUAN FRANCISCO MARTINEZ.

La ley más básica del comportamiento nos dice que cuanto mayor sea el incentivo dado a una persona mayor será la frecuencia y/o intensidad de la conducta incentivada. 
De ahí se deriva la conclusión lógica a la pregunta ¿cómo motivar a mis trabajadores? Fácil: pagando más.

Hace un tiempo el responsable de un equipo comercial que se planteaba la misma cuestión arriba mencionada me comentó que no entendía por qué no había conseguido mejorar la motivación de sus trabajadores si les había subido las comisiones individuales y de equipo. No solamente deberían trabajar más motivados individualmente sino también en equipo. A pesar de eso, según mi interlocutor, la conducta de sus empleados era cada vez más “pasota” e incluso ¡había empeorado!

Una cosa que las teorías económicas no consideran es que la proposición de un incentivo determinado aporta información que influye en la toma de decisiones sobre cuánto esforzarse individualmente y cuánto en equipo. Si el incentivo individual es bajo se entiende que el esfuerzo aplicado también debe serlo. Como se dice comúnmente: las cosas “valen” lo que se paga por ellas. Si el incentivo grupal es bajo será más individualista puesto que un incentivo de equipo requiere factores externos ajenos a nuestro control, como la conducta de los compañeros, mientras que el incentivo individual, siendo también bajo, al menos está más “controlado”. Por otro lado, si el incentivo es grande, contradictoriamente, aumenta la percepción de riesgo, lo que genera incertidumbre, ambigüedad y dudas… y todos sabemos lo que pasa con las dudas.

De esta manera, los vecinos de un barrio a los que se les ofreció dinero para aceptar la instalación de una planta de residuos nucleares cerca de su barriada mostraron una oposición más fuerte que aquellos a los que no se ofreció nada. ¡Si no lo veo no lo creo! 
Algo parecido ocurrió cuando el centro de donación de sangre de Gotemburgo estableció un pago a donantes para cada donación realizada: El número de donaciones disminuyó a más de la mitad. Sin embargo, cuando el gobierno italiano concedía a los donantes de sangre tiempo libre en sus trabajos las donaciones aumentaron. Esto es raro.


Tal y como afirma Edward Deci: Cuando usamos las gratificaciones económicas para motivar es cuando resultan más desmotivadoras. Así que alguno dirá: “Al que esté escribiendo esta basura le diría: ¿Acaso tú no cobras? ¿No quieres cobrar más?” y yo diré: “Por supuesto, y claro que querría cobrar más”, pero usar el salario para motivar no es la opción con mejores resultados (o al menos es lo que se deduce de una infinidad de investigaciones), y menos cuando se busca el alto rendimiento. El salario debe ser un salario compensado y a ser posible por encima de la media, ¡por supuesto!, pero una vez que el salario se haya convertido en un factor higiénico, un punto de partida justo y equitativo, entonces el salario debe dejarse en un segundo plano y utilizar otros factores para motivar a nuestros empleados como la autonomía. 

El proceso de incentivo es algo más complejo que un simple palo con una zanahoria. No admite el café para todos ni funciona para todos de la misma forma así que ¿Un cafecito?.

lunes, 17 de febrero de 2014

MATEMÁTICAS Y TRABAJO EN EQUIPO, por ROMÁN SALVADOR.

Si algo estoy aprendiendo durante mi andadura en este Master, es a trabajar en equipo. Coloquialmente hablando, cada uno venimos “de un padre y una madre distintos”, por lo que es muy importante conocer el valor de esta competencia.

Necesitas un Foreman, un Bill Gates, un Miss Daisy, dos catetos, un Walt Withman… Sin contar al mejor Alfred Hitchcock del mundo.
Rusty Ryan (Brad Pitt) en Ocean’s Eleven

¿Qué es el trabajo en equipo? Pues supone la necesidad de que a un conjunto heterogéneo de personas con diferentes formas de pensar y distintas opiniones se les requiera trabajar juntos. ¿Y cómo debería ser el trabajo en equipo? Pues aquí es donde entra el concepto de sinergia. Esto es, ir más allá de la suma de los miembros del grupo, que el resultado global sea superior a la suma de los resultados individuales. Yo, personalmente, siempre he odiado las matemáticas, así que ahora veo una estupenda oportunidad de tomarme cierta “vendetta” contra ellas. Trabajando en equipo puedo decir claramente que 1+1 no van a ser 2.

Un equipo perfecto debe ir más allá de la suma de sus componentes, y esto se ve no solo en el ámbito empresarial. La calidad individual de los equipos de fútbol hechos a golpe de talonario no es suficiente frente a equipos más limitados pero más cohesionados. En el cine, la química entre los actores es tan importante como su talento interpretativo. En una empresa sucede exactamente lo mismo, la cohesión y la compenetración entre los miembros son tan importantes como su aportación individual.

Porque muchas son las ventajas de un buen trabajo en equipo, tanto para la empresa como para las personas que componen el equipo. Por citar algunas:
  • Se comparten los trabajos más duros y difíciles y la responsabilidad.
  • Se comparte el reconocimiento.
  • Se valoran distintos puntos de vista.
  • Se favorece el compromiso.
  • Se disminuyen los tiempos.
  • Aumenta la información y la creatividad.
Como requisitos de un eficaz trabajo en equipo podríamos citar:
  • Cohesión, igualdad y apoyo mutuo.
  • Empatía.
  • Organización.
  • Búsqueda del bien común.
También se requiere de ciertas normas:
  • Definir objetivos.
  • Definir roles.
  • Buscar el consenso.
  • Evaluar el resultado.
Como conclusión solo decir: aprovechemos y desarrollemos esta competencia, pues se beneficiará la organización, los compañeros y nosotros mismos.

En un equipo, no todos pueden pretender tener la misma fama, pero sí que todos pueden decir que son campeones.

Michael Jordan.

jueves, 13 de febrero de 2014

EL CASO "PATRICK EBERT" por ÁLVARO RETORTILLO.

Como socio del Real Valladolid, pocas veces he disfrutado tanto en Zorrilla como con las exhibiciones de fútbol del alemán Patrick Ebert el año pasado. Y pocas veces he visto en los últimos años tanta unanimidad a la hora de corear un nombre por parte de la afición. Era simplemente acercarse a sacar un córner y el estadio gritaba, enfervorecido, su nombre. Pero el pasado sábado 25 de enero, en un día de partido contra el Villarreal, con el equipo en puestos de descenso, Ebert se negó a jugar para forzar su marcha del equipo. Ante la no fructificación de las negociaciones, él mismo decidió rescindir unilateralmente su contrato el 7 de febrero para marcharse al Spartak de Moscú (si bien el asunto aún no está claro).

Para quienes no lo conozcan, Patrick Ebert ha sido uno de los integrantes de la plantilla con mejores condiciones técnicas, así como uno de los más cotizados en el mercado. El Real Valladolid apostó por él cuando en Alemania nadie lo hacía, debido a un pasado lleno de indisciplinas, lesiones, positivos en alcoholemia etc. Y eso que era uno de los jugadores más prometedores de su generación. ¿Cómo podía estar alguien con tanto talento sin equipo? Su primer año en Valladolid fue espléndido. Parecía que Miroslav Djukic (protagonista de este foro en el pasado) había conseguido por fin motivar al jugador, hacerle sentir parte del equipo, comprometerlo. Pero todo eso empezó a cambiar en la fase final de la temporada pasada: reuniones secretas a espaldas del club para fichar por otros equipos, vacaciones en Dubai estando lesionado… el compromiso con el Real Valladolid (y con sus compañeros) comenzaba a disminuir a pasos agigantados. Esta temporada, más lesiones, más negociaciones encubiertas…e incluso llegó a pedir a sus compañeros más compromiso pocos días antes de negarse a jugar.

¿Cómo un profesional con tantas condiciones puede acabar así? (y no es la primera vez).

Si atendemos al celebérrimo modelo de inteligencia emocional de Daniel Goleman, la situación de Patrick Ebert es un caso paradigmático de falta de la misma. A medida que se iba desarrollando el “Caso Ebert”, el libro “La Práctica de la Inteligencia Emocional” me venía una y otra vez a la cabeza por las numerosas similitudes con los ejemplos negativos que Goleman muestra en su obra. Por citar algunos ejemplos:
  • Ha demostrado una enorme falta de autocontrol. El Real Valladolid es un club vendedor, que por su situación económica se ve obligado a desprenderse de sus mejores jugadores. Su conducta en este sentido (con reuniones secretas, negándose a jugar etc.) es un claro ejemplo de falta de autocontrol, y de deslealtad al club que lo sacó del olvido.   
  • Su falta de empatía ha sido alarmante. Empatía hacia sus propios compañeros de equipo, inmersos en una dinámica negativa, jugándose el futuro. Empatía hacia una afición que necesita de líderes sobre el terreno de juego, un papel que él estaba destinado a desempeñar.
  • Falta de habilidades sociales. Hasta el punto de que sus propios compañeros lo han calificado como poco menos que un cáncer para el vestuario, señalando que no hablaba con ellos etc.
Y son muchos más los aspectos que se podrían sacar a colación: marca personal, liderazgo, etc. La moraleja de toda esta historia es clara: no bastan las competencias técnicas para triunfar, incluso poseerlas en un alto grado no es garantía de nada, si no se tienen y se desarrollan adecuadamente las competencias emocionales. ¿Hay muchos Patrick Eberts en nuestras organizaciones?



lunes, 10 de febrero de 2014

EL MIEDO AL CAMBIO, por VIRGINIA PÉREZ DE LÓZAR.

“El cambio”, quizá sea una de las palabras que más oímos últimamente, sobre todo debido a los tiempos cambiantes en los que vivimos.

Ante una situación de cambio podemos elegir seguir en nuestra zona de confort (que son esos límites psicológicos dentro de los cuales nos sentimos cómodos y seguros) o podemimos optar por abandonarla para avanzar.

Con el tiempo, nos conformamos con esa zona de confort (“nuestras paredes”), donde no entra lo inesperado, lo novedoso. Donde el miedo al cambio y la resignación nos impiden avanzar. Yo misma ante un cambio o cualquier nueva situación, me surgen mis propias barreras, aunque también pienso que si no se intenta nunca se sabrá lo que puede ocurrir.

“Un hombre nunca sabe dónde puede llegar hasta que no lo intenta” Dickens.

Lo mismo ocurre en las empresas, ante un nuevo cambio organizacional, temen abandonar esa zona de confort, por miedo a perder lo conseguido hasta ahora, por miedo a perder lo que son. Esa resistencia al cambio impide la adaptación de las organizaciones y en muchos casos la pérdida de oportunidades de progreso.

Causas principales de la resistencia al cambio:
  •           Miedo a lo desconocido.
  •           Falta de información.
  •           Factores históricos.
  •           Amenazas al estatus.
  •           Amenazas a los expertos o al poder.
  •           Miedo al fracaso.
  •           Resistencia a experimentar.

Ante esto, yo me pregunto ¿qué rol debe desempeñar el personal de recursos humanos?

Yo creo que en las empresas, ante un cambio, es fundamental tener en cuenta a las personas (“el corazón o motor de las organizaciones”). Y por eso, desde el departamento de RRHH deben orientar a los trabajadores para transmitirles seguridad, motivándoles para conseguir su participación en el proceso de cambio. Deben de estar primero autoconvencidos,  y después, concienciar a los trabajadores respecto a la necesidad de cambio.

Aunque pienso que el proceso de cambio debe ser liderado por los altos directivos, el personal de recursos humanos debe ser la vía de comunicación para que todos los que forman la organización, puedan compartir sus puntos de vista sobre la situación.

Debido al ambiente en el que se mueven las organizaciones de continuo movimiento e incertidumbre, se debe crear y desarrollar una actitud y mentalidad abierta a los cambios, una cultura dentro de la organización, que permita acoger las buenas iniciativas.

En la siguiente viñeta podemos reconocer alguna de las causas de la resistencia al cambio (como el miedo a lo desconocido, factores históricos, resistencia a experimentar).


Por último, os recomiendo un vídeo “¿Te atreves a soñar?”, en el que su creador, Matti Hemmi, desglosa qué ocurre cuando sí nos atrevemos y qué sucede cuando no. Podéis verlo en el siguiente enlace: "VIDEO Te atreves a soñar?".


jueves, 6 de febrero de 2014

EL CONFLICTO ENTRE TRABAJO Y FAMILIA, por LUIS POVEDA.

Existen numerosos ejemplos que demuestran que el conflicto entre trabajo y familia, además de afectar a la persona, tiene consecuencias negativas para la empresa. Cuadros de estrés, insatisfacción laboral, menor compromiso y rendimiento con los objetivos de la empresa, costes crecientes en mala calidad, baja productividad, peor calidad de vida y pérdidas de profesionales cualificadas.

Una actitud proactiva por parte de las PYMES respecto a la conciliación puede ser de gran ayuda para la sostenibilidad económica futura, teniendo en cuenta que no se trata sólo de la implementación de ciertas políticas que ayuden a mejorar este conflicto, sino del desarrollo de una nueva cultura organizacional.

Si los programas que implanta la empresa para remediar la situación se dirigen exclusivamente a las mujeres, el coste adicional de tales programas hará que las empresas sigan viendo más caro contratar a una mujer que a un hombre.

Muchas empresas siguen considerando que el conflicto entre trabajo y vida familiar no es de su responsabilidad, dejando en manos de la Administración la solución al problema. Afortunadamente esta tendencia está cambiando y cada vez más empresas están empezando a abordar acciones para ayudar a las personas miembros de sus plantillas a conciliar trabajo y familia.

Las políticas de conciliación entre la vida profesional y la familiar están conformadas por un conjunto de disposiciones heterogéneas que tienen el denominador común de arbitrar medidas de integración entre la esfera productiva y la familiar, procurando tiempo a madres y padres para que puedan dedicarse de manera intensiva al cuidado de niños y niñas durante la etapa en que más lo necesitan, entre otras acciones.

Pero el retraso en cuestiones de management empresarial se hace evidente cuando se examina detenidamente el estilo de dirección de grandes y pequeñas empresas que priman el corto frente al largo plazo y que no parecen, de ninguna manera, sentirse amenazadas por las numerosas razones que hacen esperar que el conflicto trabajo/familia sea cada vez un problema más intenso.

El volumen de paro existente permite una percepción de la realidad donde el puesto de trabajo constituye el bien más preciado de la persona que lo ocupa, mientras la creciente consolidación del fenómeno del paro  permite el recambio en sectores donde la necesidad de mano de obra podría ser más acuciante. ¿Por qué preocuparse entonces?

Viejos paradigmas como la cultura del trabajo presencial y las largas jornadas laborales, según los cuales la productividad suele asociarse al tiempo que un empleado o empleada pasa en el lugar de trabajo, obstaculizan la consecución del equilibrio entre vida y trabajo que permita a las personas trabajadoras alcanzar un estadio de bienestar personal y laboral.

Un tratamiento inadecuado, por parte de dirección de la empresa, ante estas demandas llevaría a trabajadores y trabajadoras a experimentar niveles de estrés directamente relacionados con problemas de salud y absentismo laboral, con el consiguiente descenso de la productividad en la empresa. Por no mencionar el elevado índice de abandonos del mercado del trabajo, por parte de muchas personas, que incapaces de compaginar el trabajo en la empresa y sus obligaciones familiares, hacen una opción de vida alejada del mundo laboral.

Esta “fuga” de trabajadores y trabajadoras es especialmente gravosa para la PYME, dado que entraña la pérdida de las destrezas que poseen y la de la inversión realizada en formación, lo que redunda en mayores costes.

Por el contrario, los empleados y empleadas que logran alcanzar este equilibrio suelen mostrarse más satisfechos y dispuestos a comprometerse más ampliamente a favor de su empresa, al tiempo que sus niveles de productividad crecen a medida que la empresa se muestra más receptiva a sus expectativas y necesidades.

Debe tenerse en cuenta que una estrategia comprometida en materia de conciliación vida y trabajo sitúa a la empresa en un plano de cumplimiento de la legislación vigente que puede ser beneficioso a la larga en sus relaciones con otras organizaciones, la administración y la clientela. La imagen pública de la empresa como agente económico progresista y socialmente responsable viene siendo cada vez más uno de los objetivos fundamentales para las PYMES.